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Formación
de yacimientos de cobre
El origen de la materia prima
En la naturaleza existen distintos tipos de yacimientos
de cobre, los que se presentan de diversas maneras,
dependiendo de los procesos geológicos que dieron
origen a su concentración.
Un tipo de yacimiento es aquel que se origina vía
disolución del cobre desde los magmas (o rocas
fundidas) por aguas termales, las que son conducidas
hacia la superficie de la tierra a través de
fracturas en las rocas. El cobre aparece entonces como
vetas de mineral de alta ley o incluso de cobre nativo.
Esta fue la primera fuente de cobre que utilizó
el hombre.
Otra forma de concentración de cobre, también
a partir de magmas, viene de las fuentes termales submarinas,
que son verdaderos géyseres ricos en metales.
Al salir y mezclarse con el agua fría del mar,
los metales precipitan en forma de sulfuros que quedan
agrupados en el sedimento del fondo marino. Millones
de años más tarde, producto del levantamiento
de la corteza terrestre, estos sedimentos emergen a
la superficie en forma de yacimientos.
También existen los yacimientos denominados porfíricos,
muy abundantes en el cordón andino. Se caracterizan
por contener grandes masas de rocas con cobre sulfurado
que generalmente es de baja ley. Estos se originan por
el ascenso de rocas fundidas cuando la corteza oceánica
se introduce bajo la corteza continental. Ejemplos de
ello en Chile son Chuquicamata, El Salvador, Andina
y El Teniente.
Hay, además, otros yacimientos donde el cobre
se encuentra en la parte superior que ha sido alterada
por la acción de agentes atmosféricos
a través de millones de años. Son los
llamados yacimientos de cobre oxidado, también
muy frecuentes en Chile, como la mina Radomiro Tomic,
El Abra y la parte superior, ya explotada, de Chuquicamata.
Cerca de la mitad de los recursos de cobre del mundo
se concentran en el ambiente geológico de la
Cordillera de Los Andes.
El cobre y sus procesos de producción
Del cobre nativo a los procesos actuales
Esta particular génesis de los depósitos
de cobre tuvo y todavía tiene directa influencia
con los métodos de extracción del metal.
Inicialmente, cuando aún no se disponía
de hornos adecuados, el hombre recolectó cobre
nativo y le dio la forma deseada (pendientes, cuchillos,
agujas y hachas) mediante calentamiento y martilleo.
Al formarse las primeras culturas urbanas y contar con
mejores hornos alfareros, fue posible fundir malaquita
(carbonato de cobre) o cobre oxidado con carbón,
y obtener pequeñas pepitas de cobre. Esta innovación,
junto a una creciente demanda del metal y al agotamiento
del cobre nativo superficial, llevó al perfeccionamiento
de un proceso que dominó la producción
por más de mil años, hasta que los minerales
oxidados superficiales de alta ley también comenzaron
a extinguirse.
El mayor costo de extracción del mineral en vetas
cada vez más profundas, unido a su complejo procesamiento,
debido a que el cobre en esta forma contiene impurezas,
obligó a buscar otras alternativas de explotación.
Fue así como se desarrolló el proceso
de "tostación" o calentamiento lento,
que permitió eliminar el azufre. Con ello se
tuvo acceso a los minerales sulfurados.
Sin embargo, esta forma de extracción logró
extenderse sólo hasta el siglo XIX, época
en que también los sulfuros de alta ley evidenciaron
un agotamiento.
La demanda explosiva de cobre originada por la Revolución
Industrial (telégrafo, teléfono, electrificación
en general), exigía un nuevo método que
permitiese la explotación de minerales sulfurados
de baja ley como los yacimientos de cobre porfírico,
muy abundantes en Chile.
Se llegó entonces al proceso de "flotación",
con el cual se logró concentrar el cobre contenido
en un mineral de baja ley en un concentrado que era
fundido y refinado posteriormente.
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