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Colección Codelco

El metal en busca de belleza

El primer objeto de cobre hallado es una simple pendiente elaborada a partir de una pepa de cobre nativo, hace más de diez mil años, en algún lugar de Asia Menor. A partir de ahí comienza la carrera triunfal y cada vez más diversificada de los usos del metal.

Por mucho tiempo se utilizó cobre puro martillado en la fabricación de amuletos o joyas, hasta que el descubrimiento de las aleaciones permitió confeccionar distintos tipos de objetos fundidos como collares, pulseras y anillos de variados estilos.

Se empleó preferentemente el bronce (aleación de cobre y estaño) y mucho después el latón (aleación de cobre y zinc) como metal base en piezas de decoración personal. A diferencia de Asia Menor, las culturas andinas desarrollaron su orfebrería a partir de la tumbaga, que es una aleación de oro y cobre.

Más tarde se difundió el uso de aros, cinturones, hebillas y espejos (especialmente de bronce), objetos que han estado presentes en todas las grandes culturas del pasado como Egipto, Grecia, Roma, India, China y Perú.

Junto con los espejos se introdujeron diversos accesorios para el maquillaje (espátulas, frascos, pinzas). Las técnicas de dorado y plateado en piezas de cobre y bronce, practicadas inicialmente en Egipto y Grecia, permitieron que las joyas fuesen accesibles a un número cada vez mayor de personas.

En Africa era costumbre asociar los objetos de decoración personal con el valor del metal y emplearlos como medios
de pago. Esa fue una de las razones por las cuales el tamaño y el peso de las piezas llegó a ser fundamental.

Aún hoy es posible encontrar en las ferias artesanales de cualquier parte del mundo anillos, pulseras y collares elaborados en cobre, tal como en los bazares de la Antigüedad.