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La
esencia del combate
Con el descubrimiento del bronce (metal de mayor dureza
que el cobre) en el tercer milenio a.C. comienza el uso
masivo de esta aleación con fines bélicos
y de defensa.
Surgen las puntas de lanza y de flechas, dagas y puñales,
reemplazando rápidamente a sus similares fabricadas
en sílex y obsidiana. Se inventan nuevas y mortíferas
armas, como las hachas de combate, la espada y los carros
de ataque con ruedas y ejes de bronce. También
se desarrollan elementos de carácter defensivo
como escudos, yelmos, armaduras y pierneras.
Este fue el principal uso del cobre en la Antigüedad
hasta el primer milenio a.C., momento en que el acero
comenzó a desplazar al bronce como materia prima
en la elaboración de armas.
Durante la Edad Media, la aparición de la pólvora
(siglo XIV) dio paso al desarrollo de armas más
sofisticadas, como los cañones de bronce, utilizados
hasta el siglo XIX, y posteriormente las vainas de balas
y proyectiles de latón, que se emplean hasta hoy.
A diferencia del Viejo Mundo, en el continente americano
los objetos de combate fueron más sencillos y se
caracterizaron por ser piezas con efecto de golpe. En
las culturas andinas las macanas y porras se constituyeron
en las armas principales. Las espadas de combate no se
conocieron hasta la llegada de los conquistadores.
El armamento moderno está fuertemente ligado a
la electrónica y a las comunicaciones, ámbitos
en donde el cobre también tiene una presencia relevante. |
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